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Santiago, marcada por los desastres

Vista aérea de la iglesia de Santiago en la que se aprecian los importantes daños que ha sufrido. :: LA VERDAD

Vista aérea de la iglesia de Santiago en la que se aprecian los importantes daños que ha sufrido. :: LA VERDAD

La iglesia de Santiago Apóstol, el edificio religioso que ha resultado con los mayores destrozos a consecuencia de los terremotos del pasado mes de mayo, con el crucero totalmente destruido y otros daños de consideración en la torre, parece maldita por la sucesión de acontecimientos adversos a lo largo de su historia. Terremotos e incendios se han concitado desde que, en el siglo XV, se levantó el templo sobre una ermita dedicada a este santo, en el lugar en que, según la tradición, se decía que había predicado el apóstol durante su estancia en España.

La de ahora seguramente ha sido la más importante de las destrucciones y será necesario un gran esfuerzo y una fuerte inversión para devolver al templo al aspecto que presentaba en los últimos años, tras reiteradas obras de mejora y embellecimiento. Claro que no es una novedad porque la historia de esta iglesia está repleta de remodelaciones y reconstrucciones, en mayor medida que cualquier otro edificio religioso de la ciudad.

En un principio, el templo partió de una arquitectura tradicional de nave única, que empezó a sufrir las primeras remodelaciones a comienzos del siglo XVII, momento en que se rehizo la portada y se adornó el altar con un frontal y un sagrario nuevos.

En agosto de 1674 se produjo un gran terremoto que causó bastantes daños en la ciudad y que tuvo réplicas que se sucedieron hasta principios de octubre. El seísmo debió afectar a esta iglesia y pocos años más tarde José Vallés, maestro de obras de la colegiata, y el alarife Andrés Miras Muñoz, emprendieron la reforma de la capilla mayor, crucero y nave principal para adecuar el templo a los nuevos gustos estéticos.

Esta iglesia contó con un retablo mayor barroco y un estupendo órgano. En 1710 se encargó la nueva portada a Salvador de Mora, en base a la traza de Bartolomé de la Cruz Valdés, entonces maestro mayor de las obras del obispado. Estuvo acabada en 1713. Los capiteles fueron labrados por José Balaguer y el relieve en estuco de la portada fue de José Berrorreta.

Pero, y aquí aparece de nuevo el mal fario, la obra realizada demostró que algo no se había hecho bien, quizá porque parte estaba sobre una edificación antigua, por lo que hubo de ser consolidada en 1719 bajo las directrices de Toribio Martínez de la Vega. A pesar de todo, en 1745 aparecieron los definitivos síntomas de resquebrajamiento y deterioro. Tras el reconocimiento del alarife lorquino Juan Miras Muñoz, y por los murcianos Solera, Moreno y Bolarín, se decidió derribarlo y volver a construirlo, pidiendo la ayuda a los dueños de las capillas para amortiguar la enorme inversión que iba a ser necesaria.

Ante la nueva situación se planeó levantar un templo de planta de cruz latina, con nave principal y dos laterales, crucero, cúpula sobre tambor, capilla mayor y capilla del sacramento aneja. La obra la dirigió Pedro Pagán, maestro mayor del obispado, que pronto cedió esta función al lorquino Pedro García Campoy, que se ocupó de la dirección entre 1751 y 1770. Desde este último año hasta 1781, fecha probable de la inauguración, estuvo al frente de las obras Manuel Fernández Alfaro.

También se tiene constancia de que un importante arquitecto madrileño, Baltasar Canestro, que había sido llamado por el obispo para la construcción del palacio episcopal de Murcia, vino a Lorca y dio las instrucciones para la terminación de la iglesia, incluida la portada. Pero parece que, al final, el diseño de esa portada se debió al arquitecto Lucas de los Corrales. Esa obra y la de las dos torres quedaría inacabada por las diferencias que surgieron entre la dezmería (territorio del que se cobraba el diezmo para una iglesia) de Lorca y la fábrica parroquial.

A partir de 1781 se llevaron a cabo algunos cambios como la retirada del retablo y se hicieron un nuevo tabernáculo y la imagen del titular, según boceto napolitano que realizaría Roque López en 1796. Este templo tuvo también dos obras de Salzillo hechas en 1750, la Virgen del Sufragio y la Virgen de Belén.

Y vuelven de nuevo los problemas porque en 1911 la iglesia sufrió un desbastador incendio y fue necesario redecorar todo el interior, para volverla a abrir al culto en 1915. Pero, para colmo, la guerra civil desbastó totalmente el interior. Un nuevo incendio con la destrucción de todas las obras de arte, los archivos y objetos de culto. A partir de 1940 comenzó un nuevo proceso de reconstrucción que incluyó la construcción del campanario.

Ahora, con el crucero y la cúpula totalmente destruidos, la torre sujeta para que no se venga abajo y el interior lleno de escombros, la iglesia de Santiago Apóstol está a la espera de una nueva reconstrucción.

Fuente: La Verdad