Patrimonio por Lorca Rotating Header Image

Las Clarisas de Lorca regresan al convento de clausura reconstruido

Las monjas clarisas de Lorca han retomado hoy la vida de clausura en el monasterio de Santa Ana y Santa María Magdalena, una vez que el edificio, destruido por los sismos de 2011, ha sido reconstruido con la financiación de los regantes del Tajo-Segura y la intervención del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales.

El convento de clausura, de 1956, quedó casi reducido a escombros tras la catástrofe, y la nueva edificación, que ha costado más de 2 millones de euros, ha sido inaugurada hoy, tras 18 meses de obras, en presencia de los presidentes de Murcia y de la Generalitat, Ramón Luis Valcárcel y Alberto Fabra , respectivamente.

También han acudido 1.500 regantes del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura venidos de Murcia, Alicante y Almería.

El discurso de Valcárcel ha tratado de ser interrumpido con peticiones de dimisión por parte de un grupo de docentes interinos que se han manifestado en la puerta del convento y que lo han acusado de “hundir la educación pública”.

El sindicato de regantes fue el primer organismo que se comprometió, una semana después de los terremotos, a financiar la reconstrucción de un edificio singular de Lorca y eligió este convento de monjas franciscanas de la orden de Santa Clara, radicada en la ciudad desde 1602, que apenas habitaban una decena de religiosas en el momento de la tragedia.

Las religiosas han nombrado hoy “bienhechores insignes” de su comunidad a los regantes, ya que para conseguir el dinero con el que pagar las obras el sindicato recurrió a una fórmula que dio en llamar “céntimo solidario” y que hizo que cada regante sindicado donara uno por cada metro cúbico de agua consumida en sus plantaciones, hasta alcanzar la suma necesaria con la que acometer el proyecto.

Este monasterio fue el primer edificio que comenzó a ser reconstruido en Lorca tras los seísmos y ahora luce un nuevo esplendor, ya que, aunque ha sido reproducido fielmente -mediante el uso de fotografías-, los materiales constructivos han mejorado la calidad de la edificación y su resistencia sísmica, y algunas áreas se han replanteado con soluciones arquitectónicas nuevas y más utilitarias.

Al convento también se han incorporado sistemas de eficiencia energética, como placas solares, y la capilla presenta un nuevo altar que será consagrado el próximo 2 de julio en una misa mayor que oficiará el obispo de la diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca, también presente hoy en el acto de entrega de las obras.

Del antiguo edificio, casi lo único que se conserva es su portada principal, del siglo XVIII, que fue trasladada a este convento en los años 50 pasados desde su anterior emplazamiento, el monasterio original, ubicado en el casco antiguo y que resultó prácticamente destruido durante la guerra civil española.

Las imágenes de Santa Clara y la Inmaculada Concepción rescatadas de las ruinas del convento tras los seísmos han sido restauradas por los especialistas del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, con sede en Castellón.

La talla de la Inmaculada Concepción es obra del imaginero murciano del siglo XVIII Roque López, discípulo de Francisco Salzillo, y la de Santa Clara, también de inspiración salzillesca, del imaginero José Sánchez Lozano.

Estas piezas han sido restauradas en el centro valenciano junto a una bandera de batallón del siglo XIX y un pendón real y de actas de los siglos XIV y XV que se custodiaban en el convento lorquino.

El ayuntamiento de Lorca ha donado a la orden religiosa los bancos y reclinatorios del coro, realizados, con diseño de las propias monjas, por un maestro ebanista, director de algunas de las escuelas taller del municipio, con maderas nobles mediante piezas ensambladas artesanalmente sin un solo clavo.

En el atrio del monasterio, una escultura de hierro rinde homenaje a los regantes que han hecho posible la reapertura de la institución conventual, en la que, intramuros, las religiosas volverán a dedicarse a la oración, la repostería, la costura y la encuadernación de libros.

 

Fuente: La Verdad